Una introducción previa
a los ejercicios de Taijiquan

 

5 Claves para la práctica correcta

Antes de meternos de lleno en temas como el del Chansi Jing creo necesario plantear una serie de detalles comunes a toda la práctica del Taiji Quan sin los cuales nuestro progreso sería imposible. Utilizando un enfoque correcto podremos acercarnos al auténtico sentido interno del Taiji Quan, sentido que se nos escapa de las manos mientras no sepamos cómo buscarlo.

Son varias las claves que habremos de utilizar en esa “búsqueda correcta”, y si bien otras personas habrán encontrado diferentes vías igualmente válidas y esclarecedoras yo en mi práctica he acabado por destacar 5 que son las que definen los pasos de mi aprendizaje.

Intención, Atención, Sensibilidad, Relajación y Consciencia.


Definir estos conceptos en toda su amplitud sería tarea de maestros ya que su rango de alcance se extiende cada vez más al avanzar en nuestra práctica. Por otro lado, la relación entre ellos no es unidireccional sino que cualquier cambio en uno afectará al resto.
Sin embargo resulta relativamente sencillo incorporar estas 5 claves si lo hacemos con ese orden preciso. A ver si me explico:

Con una intención determinada dirigimos nuestra atención a cierta parte de nuestro cuerpo, lo cual acaba por hacernos sensibles a la misma. Gracias a esta sensibilidad seremos capaces de relajarla (con lo que de nuevo aumentamos nuestra sensibilidad en dicha zona). Por último, cuando conseguimos unir nuestra intención con esa atención y sensibilidad relajada (o relajación sensible y atenta) somos conscientes de nuestro interior; por decirlo de algún modo: adquirimos consciencia interna.
Esta nueva consciencia de nuestro cuerpo (o mente, energía, espíritu… lo que sea que cada cual tenga por dentro en cada momento) nos abre nuevas puertas a siguientes niveles de práctica, con distintas intenciones y la atención sobre otros factores cada vez más sutiles gracias a la sensibilidad que se va desarrollando y a una capacidad cada vez mayor de relajación.

La intención dirige la práctica, cuando falla la intención perdemos el sentido del ejercicio y se ve afectada nuestra atención. Por lo general acabamos con muestra mente divagando de flor en flor entre pensamientos más o menos alejados de nuestro motivo inicial, con la mirada y la cabeza por lo general bajas y en los mejores casos con una relajación fofa, impropia del Taiji Quan. El círculo se interrumpe desde uno de sus orígenes y a partir de ahí ya no alcanzamos ninguno de los otros puntos.

La atención continuada centra la mente y aumenta nuestra sensibilidad. Cuando distraemos la atención perdemos esa sensibilidad con lo que se nos escapa la oportunidad de relajar y ser conscientes de nuestro interior. De nuevo es imposible sacar partido de nuestro ejercicio. Pero la intención trae de vuelta nuestra atención.

La sensibilidad que nace fruto de la atención distingue sutiles sensaciones de otro modo imperceptibles. Es el correcto uso de nuestros sentidos el que nos permite localizar las tensiones innecesarias, los dolores que pueden ser síntomas de una postura equivocada, facilitar la correcta circulación de la energía por nuestro cuerpo, etc.
A veces se comete el error de ignorar ciertas sensaciones porque pensamos que no tienen importancia o bien porque no son aquello que creemos que deberíamos sentir. Ciertos prejuicios son un pesado fardo a la hora de desarrollar la sensibilidad.

La relajación elimina el “ruido” en nuestra sensibilidad, clarifica el proceso y desbloquea las tensiones. Esta liberación de carga innecesaria aumenta de nuevo la sensibilidad y nos permite dar una nueva vuelta de tuerca (quizás sería mejor compararlo con las revoluciones, cada vez más amplias, de una espiral) que nos lleva de nuevo al punto de partida pero desde un nivel más profundo.
La falta de relajación, a parte de crear las consabidas molestias físicas nos impide ir más allá de las sensaciones más obvias, con lo que de nuevo nos vemos estancados en nuestro aprendizaje.

La consciencia surge cuando nuestra inquieta mente se relaja y decide jugar a la vez que el cuerpo, en ese punto en el que la intención guía al acto de un modo sereno, sensible y atento. Hacemos lo que hacemos y sentimos lo que está ocurriendo (en lugar de imaginarlo, visualizarlo, suponerlo o incluso inventárnoslo).

Cada giro de la espiral supone una nueva toma de consciencia de nuestro interior y de aquellos procesos que tienen lugar a lo largo del ejercicio siendo cada vez más y más los detalles que entran en juego. Si bien el proceso se nos va mostrando más comprensible al hacerse patentes estos detalles, también nos vamos dando cuenta de que el tema se complica cada vez más, lo cual, lejos de resultar frustrante lo torna de hecho aún más interesante.
Por lo general el proceso es tan paulatino que apenas nos damos cuenta de los avances que vamos realizando, sin embargo a veces se produce un salto cualitativo en nuestra percepción que nos da un nuevo punto de vista. Es en ese momento cuando por fin ese principio sobre el que tanto habíamos reflexionado toma forma en nuestro cuerpo y nos resulta obvio. La razón pasa entonces a un segundo plano desde el que intenta más o menos acertadamente explicar lo que está ocurriendo, ya en base a la experiencia directa. Yo lo llamo el momento “¡Ahí va!” (“a eso se refieren con…”)

Es desde ese plano de experiencia consciente desde el que intento explicar lo poco que sé sobre el Taiji Quan, sin olvidar que me hallo tan sólo en una de las innumerables vueltas que habré de dar a lo largo de mi práctica. Me daré por satisfecho si con éste texto consigo ayudar a los demás en su primera vuelta de tuerca. Las siguientes las dejaremos para más adelante, cuando de tanto girar haya dejado de marearme.
Así pues, en los artículos siguientes cuando hable de la intención o atención me estaré refiriendo por lo general a las propias de los primeros estadios de aprendizaje.

Perdiendo tesoros por el camino. La olvidadiza memoria de la consciencia.

Desde que emprendemos nuestro "camino hacia el Taiji Quan" es como si cargásemos una mochila a cuestas, en un principio pesado fardo de vicios, prejuicios y debilidades, aunque también llevamos nuestra propia provisión de virtudes e ilusiones.
En el transcurso de nuestro aprendizaje iremos descargando tensiones físicas y mentales, concepciones erróneas acerca del funcionamiento de nuestro cuerpo,etc. Tendremos que dejar atras todo ese peso inútil, creando espacio para los conocimientos que poco a poco iremos adquiriendo.Porque paulatinamente nos iremos encontrando detalles, trucos, claves a veces simples, a veces más complejas. También recolectaremos "conocimientos conscientes", que formarán parte casi automáticamente de nuestra práctica.

Sin embargo, el esfuerzo de atención que supone el Taiji Quan nos obliga a que, de vuelta a vuelta de espiral, tengamos que ir fijándonos cada vez en más y más detalles. Y no podemos andar como niños ansiosos, llevando en nuestros brazos todos aquellos juguetes que encontramos por el camino, porque cada vez que nos agachemos para coger uno se nos caerán tres. Y esto es prácticamente lo mismo que nos ocurre con lo que estamos aprendiendo.

Cuando damos un paso adelante al haber comprendido algo, tenemos que empezar a prestar atención a otras muchas cosas que hasta ese momento quizá ni siquiera supiéramos que existían, y es normal que al hacerlo dejemos de cuidar otras cuestiones que hace tiempo nos costó tanto trabajo asimilar. Vamos perdiendo tesoros por el camino, la consciencia es un estado de atención, no un conocimiento duradero. Pero por suerte no solemos tardar mucho en echar en falta aquello que se nos cayó, y volviendo nuestros pasos atrás lo recuperamos, sin tener que dejar por ello en el suelo nuestras últimas adquisiciones.

Por eso hay que ser muy cuidadoso a la hora de aprender aquello que en cada momento estemos estudiando. Hay que practicar y practicar, buscar y perfeccionar hasta captar el detalle y aprehenderlo, hacernos conscientes de él. Y entonces dar el siguiente paso, pero sólo entonces, o acabaremos con todos los regalos por el suelo. Es peligroso pretender aprender más de lo que en cada momento podemos asimilar.

 

©J. Manuel Bonilla (Boni)

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