La postura erguida y el equilibrio
Jugando con la gravedad

El equilibrio es un elemento básico en el Taiji Quan. De la verticalidad de nuestro eje central depende una gran parte de nuestro éxito en la práctica.
La columna vertebral es nuestro eje físico, y dedicamos una gran parte de nuestro esfuerzo a aprender a mantenerla erguida de manera equilibrada y relajada.

Cuando los profesores nos enseñan a hacer ésto suelen decir cosas como: "Buscar una postura erguida, como si estuviésemos suspendidos por un hilo que sale de nuestra coronilla y de nuestro cóxis colgara un peso hacia la tierra".
Efectivamente, ése es el efecto que se persigue, el de estirar nuestra columna en dos direcciones, y la sensación que se obtiene con el tiempo se parece mucho a eso. Pero desde mi punto de vista, al que he llegado tras algunas experiencias más o menos insatisfactorias, hay mejores maneras de lograr la postura erguida.
La clave está en comprender qué es lo que hay que buscar, por qué hay que hacerlo, y qué está ocurriendo cuando lo hacemos. Como siempre, puede parecer muy complicado al principio (hay que ser optimistas...).

La fuerza de la Tierra
Tomemos unos segundos para reflexionar sobre la importancia de la fuerza de la gravedad.
Estamos situados sobre una inmensa esfera de materia, la Tierra, que está tirando constantemente de nosotros en dirección hacia su centro.
Esto nos parece obvio, pero no solemos darnos cuenta de que, de igual modo que la Tierra está tirando con una fuerza x (nuestro peso), también está empujando hacia arriba con la misma fuerza. De no ser así ¡nos hundiríamos!.
Con estas dos fuerzas, la de atracción y la de repulsión, son con las que tenemos que jugar para conseguir un buen enraizamiento y equilibrio.

 

¿Qué hay que buscar?
Aunque pueda parecer raro, lo que tenemos que intentar es sentir el efecto de estas dos fuerzas sobre nuestro cuerpo.

La atracción
es fácil de sentir: no hay más que prestar un poco de atención a la planta de nuestros pies, soportando todo nuestro peso y aplastándose contra el suelo. Vayamos un poco más lejos ahora intentando sentir cómo la Tierra está tirando de TODO nuestro cuerpo, y esa fuerza se transmite desde la coronilla hasta los pies a través de nuestra estructura ósea (en este caso ayuda la visualización, aunque insisto: lo importante es sensibilizar).

La repulsión no resulta tan obvia a nuestros sentidos. De momento sólo nos parece patente en el punto de contacto con la Tierra, los pies.
Ahora juguemos un poco con nuestra imaginación para cambiar nuestro punto de vista: pensemos por un momento que el centro del universo está en nuestro tantien y que lo que realmente pesa, porque lo atraemos hacia nosotros, es la Tierra (también podemos visualizarlo todo boca abajo, como si le diéramos la vuelta a una cámara que nos filmase). Quizá así nos resulte más comprensible el hecho de que una fuerza nos está empujando desde los pies.
Esto no es sólo un juego de imaginación, en realidad un punto de vista no tiene porqué ser más real que otro, todo es relativo. Sencillamente nos resulta más fácil pensar como lo hacemos normalmente, con la Tierra como centro.

¿Porqué debemos sentir la gravedad?
Porque de nuestra relación con esa fuerza, de la manera en que utilicemos sus dos componentes, dependerá la calidad de nuestro equilibrio y enraizamiento.
Nuestro enraizamiento será mejor o peor según lo sea nuestra capacidad para transmitir nuestro peso (la atracción) hasta el suelo (y en el caso de estar aceptando el empuje de un contrario, también la fuerza que ejerce éste sobre nosotros).
La calidad de nuestro equilibrio estará relacionada con la habilidad de encontrar la postura que mejor transmita la repulsión de la Tierra verticalmente. Y cuanto mejor sea nuestro equilibrio menor será la cantidad de fuerza que tendremos que emplear para mantenerlo.

¿Qué ocurre cuando lo conseguimos?
"Me alegro de que me hagan esa pregunta..." Una vez que, gracias a la relajación song, seamos capaces de sentir estas dos fuerzas, tirando y empujando de (y a través de) nosostros, podremos utilizarlas en nuestro favor para reconocer aquellas posiciones en las que la transmisión es óptima.

Primero relajamos todo el cuerpo desde la coronilla hasta los pies, sintiendo como el peso de nuestro cuerpo se va distribuyendo por nuestro esqueleto hasta llegar al suelo, para desde ahí hacer el recorrido inverso, sintiendo como la fuerza con que nos empuja la tierra sube por nuestra estructura, recolocándonos y estirándonos hasta llegar a la coronilla.

Este proceso se desarrolla a lo largo de 3 zonas especialmente importantes:

Desde las caderas a la planta de los pies.
De nuestra capacidad de relajar y colocar las caderas depende en gran medida la transmisión de nuestro peso hacia el suelo. Hay que sentir como todo el peso de la mitad superior de nuestro cuerpo descansa sobre la pelvis, buscando aquella posición en la que parece como si le "abríeramos" el camino a través de nuestras caderas y piernas para que llegue con facilidad al suelo.

En mi caso, volviendo al recurso del punto de vista, para relajar de caderas a pies prefiero utilizar mi tantien como centro del universo y desde él sujetar la Tierra con el mismo cuidado con el que sostendría a un bebé entre mis brazos. No me harto de repetir que no hay que empujar contra la Tierra, sólamente hay que sostenerla (o sostenerse) con cuidado. ¡¡¡La intención es importantísima!!!. Y ésto hay que aplicarlo tanto al movimiento como al Zhan Zhuang. Pero hay que jugar y probar, a veces se sacan conclusiones sorprendentes.

Desde el cóxis hasta la 7ª vértebra cervical.
Todo este tramo de columna vertebral debe permanecer lo más erguido y relajado posible, buscando el equilibrio que nos permitirá no usar más fuerza que la estrictamente necesaria para mantener la verticalidad.
Edu suele utilizar el ejemplo de las columnas romanas y la torre de Pisa. Las columnas romanas están hechas de cilindros puestos simplemente unos sobre otros sin cemento y aguantan milenios, dirigiendo perfectamente el peso hacia abajo; esos cilindros serían nuestras vertebras. Sin embargo, la torre de Pisa está inclinada y tuvieron que ponerle unos cables para sujetarla; esos cables serían nuestros músculos, intentando trabajosamente mantenernos en pie para que no caigamos.

El cóxis debe mantenerse siempre hacia delante, como si colgara un peso de él, para permitir que el peso y la fuerza se transmitan correctamente a las caderas. Desde ahí hasta la 7ª cervical (C7) intentaremos mantener la columna estirada, con la zona de las lumbares como si empujara suavemente hacia atrás.

 

La zona desde la 7ª vértebra cervical hasta la coronilla.
Se debe procurar efectivamente que nuestra columna se estire hacia arriba, pero ese tirón debe llegar tan sólo hasta la C7. A partir de ahí, intentar tener la cabeza "como suspendida desde la coronilla" resulta en muchas ocasiones contraproducente, ya que es muy fácil acabar tensando el cuello para "empujar" hacia arriba.

Sin embargo, aprovechando la sensación del empuje de la tierra podremos mantener la cabeza erguida pero con el cuello relajado. El problema estriba en que nos puede resultar muy difícil transmitir esta sensación hasta la coronilla.

Para ello yo suelo recurrir al siguiente ejercicio:

Rotamos el cuello de un lado y a otro (como para decir "no") con mucha suavidad pero de un modo fluido, ni demasiado lento ni demasiado rápido. La intención debe ser la de soltar y relajar el cuello, sin empujar hacia arriba la cabeza, tan sólo manteniéndola en equilibrio.
Visualizamos nuestro eje, que llega hasta la coronilla desde dentro de tal modo que es éste el que sujeta nuestra cabeza (Es como si tuviésemos un palo lo y sobre él pusiéramos un casco de motorista y lo hiciéramos girar). También ayuda la imagen de un "collar de esferas" al rededor de nuestro cuello que impide que nuestra cabeza caiga hacia ningún lado.
Cada vez relajaremos más y más el cuello, buscando esa sensación de "flotabilidad" de nuestra cabeza sobre ese eje. Poco a poco nuestros movimientos se van acortando y con un poco de suerte la sensación se hará más patente hasta que detengamos el movimiento.
Si lo conseguimos habremos sido capaces de sentir el empuje en nuestra coronilla. A partir de ahora se trata tan sólo de poner nuestra intención en ello para recuperar la sensación.

 

Según vayamos profundizando en nuestro aprendizaje seremos capaces de sentir com más facilidad las fuerzas que toman parte en la práctica del Taiji Quan.
Una vez más la clave está en relajar, relajar y relajar. Pero no nos olvidemos nunca de la intención, como tampoco tenemos que olvidar que para aprender no basta con repetir, hay que investigar, probar y jugar, intentando aprender en cada ejercicio siempre algo nuevo.

 

©J. Manuel Bonilla (Boni)

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